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Aquel día en que dejé de ser yo…

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Aquel día en que dejé de ser yo…
Por Enrique Garcia

Este texto fue inspirado de la obra de teatro Yeux de Cérès, presentada en la sala de Montréal Arts Interculturels (MAI) por los artistas, Ilya Krouglikov y Eduardo Ruiz Vergara. Nos cuenta la historia de dos individuos provenientes de dos culturas diferentes . Al encontrarse hay un gran choque: cultural, lingüístico, ideológico et incluso individual. Los dos principales actores se encuentran en un momento de búsqueda, al darse cuenta que viven en otra sociedad, deciden unirse para reforzar sus fuerzas y crear un mundo mejor. http://m-a-i.qc.ca/fr/

El único ruido del que me acuerdo es de aquel enorme avión, como poder olvidarlo. Todo empezó en mi casa, en el preciso momento en que empacaba mis tiliches (cosas y recuerdos), el silencio de aquella maleta me hacía sentir vacío, las lágrimas escurridas de mis profundos ojos eran cada vez más pesadas, no lo podía creer, pues dejaba todo atrás. Solo llevaba tres cosas: Maletas, recuerdos y mucho miedo.

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El ruido del avión me aterraba, era muy fuerte y casi, casi irreconocible, nunca había estado en una de esas aves metálicas. En el avión, tenía la impresión de que la gente me observaba como si yo fuese un ente raro, lo que me hacía sentir más pequeño. Los ruidos resaltaban uno a uno, pero sobre todo, recuerdo aquella vieja voz, al parecer sus cuerdas vocales estaban enfermas y sin embargo, no dejaba de hablar.

Los vasos de los viajantes no dejaban de abrazarse, al fondo del artefacto hablaban un raro francés, al parecer era una de esas chicas del norte canadiense: Una quebequense, pues así como ellos se hacen llamar. La persona que viajaba conmigo era un fantasma, el lugar estaba vacío, eran solo imágenes de mis amigos, familiares y experiencias de vida que se proyectaban en ese impecable lugar. Fueron varias horas de viaje.

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Al llegar al aeropuerto, todo era calmado, no había mucho ruido, parecía un desierto con estructuras de cemento y metal por todos lados. La gente era como zombis, muertos manipulados o mejor dicho, borregos blancos. Infatigables animales manipulados por el papel o el metal. Es así esta sociedad incomprensible, raros y abiertos, pero al mismo tiempo bastante cerrados. Buenas personas, pero en muchas ocasiones mediocres…

Los ruidos de este profundo cotidiano me han dado una nueva perspectiva de este nórdico mundo. Desde los más minuciosos sonidos hasta el más agradable e insoportable diario metafórico. Es el choque entre culturas, es la adaptación, la integración o la mediocridad de unos y otros. Te adaptas, lo asimilas, te acostumbras, lo aceptas o definitivamente explotas y viajas hacia otros mundos. A donde existan mejores posibilidades, pues tienen miedo de tu potencial.

Es el encuentro de dos culturas, entre situaciones completamente diferentes, entre ruidos y viajes, pero sobre todo entre dos cotidianos opuestos: De la religión hasta el lado animal. Desde lo silencioso hasta pasar por la fe y obviamente, sin dejar de pasar por el miedo, la felicidad y la frustración. Somos bastante normales, motivo por el cual lo invito a enfrentarse a un mundo poco común. Usted lo verá, poco a poco se transformará en un invidente más, los sonidos, expresiones físicas y olores formarán parte de este profundo viaje teatral.

Enrique Garcia

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