(Entrevista realizada en la Casa Taller de Victor Delfín, por Rubén Romero y Christelle Auster)
RUBEN ROMERO: Es una gran alegría poder conversar con un artista representativo de lo que es la peruanidad. Rilke cuando escribe sus cartas a los jóvenes, a los jóvenes escritores y da consejos a los escritores. No es una tradición que la siguió Faulkner también. Incluso hasta Vargas Llosa intentó hacer lo mismo. ¿La pregunta sería cómo se gesta un artista? ¿En qué momento el hombre preserva esa cualidad que tiene cuando es niño y la mantiene hasta sus últimos días? ¿Cómo se hace eso?
VICTOR DELFÍN: Yo creo que cada uno particularmente, tiene una forma de desarrollar, de ir encontrando esa disposición. No se puede generalizar. Estuve leyendo ayer una biografía muy sintética de Rimbaud y es increíble toda la Su formación quedó, no de niño. Su manera de actuar desde muy pequeño. Luego es el demonio de la creación. Se presenta en él con una fuerza tal que es un rebelde insoportablemente que no puede con él mismo. De todos modos fue una vida muy, muy dramática, muy torturada. Esa vida no la he tenido yo y la comparación es diametralmente opuesta. Yo no soy. No pienso que llegar a la altura de Rimbaud solamente lo pongo como una gran diferencia entre un genio y lo que normalmente puedes ser un artista y otros. Mozart nunca fue a la escuela, estuvo todo el tiempo tratado desde niño como un niño genial.
Uno siente en algún momento de su existencia, y creo que eso se da en la adolescencia, cuando uno día deja de ser niño y se pregunta qué voy a hacer de mi vida? Yo no me hice esa pregunta porque siempre digo sin temor a que me tomen por petulante, porque ha sido así, que desde niño tuve la suerte de que todo me salga como por un tubo. Sin mayor esfuerzo. Fui avanzando. Y desde niño tuve la pretensión de ser nada más que un artista y un buen artista.
Sentía un poder dentro de mí que me decía que no había nacido para otra cosa sino para eso. A pesar de que hacía una serie de actividades extra artísticas, si se quiere, de niño. Pero siempre volvía lo mismo al cuaderno de dibujo, a los colores, a mi admiración por la estética, la literatura y. Y luego, cuando vine a Lima encontré un ambiente propicio, eran los años 50, la atmósfera creativa estaba en todo su furor. En personas como Carlos Germán Belli, Vargas Vicuña, Sebastián Salazar Bondy, etcétera, etcétera, para mencionar a unos cuantos. Entonces, dentro de esa atmósfera yo ya sentía una seguridad que probablemente no lo hubiera sentido si me hubiera ido Buenos Aires, que era uno de mis propósitos, porque allí hubiera sido un extranjero, pero acá era un provinciano que llegaba y se unía a otros provincianos que venían a Lima a estudiar medicina, Letras. La mayoría estudiaba abogacía por obligación, pero terminaban siendo más estudiando literatura. La literatura y la poesía eran más fuerte. Entonces de ahí viene esa relación con poetas y artistas, todos en embrión. Todavía no se había producido el fenómeno Vargas Llosa, que sirvió de estimulante para los años para otras generaciones.
R. Romero: ¿Cómo podríamos explicar que este, este país que ha construido su historia, parte de ella en piedra, en barro, con una profunda vocación artística? ¿Cómo podemos entender que Machu Picchu, que es una obra maestra de la creatividad, de la ingeniería, de la arquitectura, no sea admirada y no sea y no sea reconocida esa dimensión artística que está tan metida en nuestro ADN, no?. ¿Cómo hemos llegado a divorciarnos de lo artístico popular y hemos terminado, por llamarlo artesanía, no?
V. Delfín: Bueno, ahí hay un factor de ignorancia de lo que se conoce a nivel mundial. No, porque si uno se da una vuelta por el mundo se da cuenta de que hay cosas muy respetables y que son respetadas. Por ejemplo, en México, para empezar, no. En México siempre han cuidado sus sus hitos históricos desde siempre. No, no ha sido una novedad para ellos. Y luego, si podemos seguir dando una vuelta. En Europa también ha habido esa tendencia a seguir la historia de la arquitectura, de la literatura con mucha. Ha sido parte de la alimentación general. En cambio, en el Perú ha habido siempre una, no solo una ignorancia. Es una especie de desprecio y desinterés, porque ahí es también un una cosa que, que expresa muy bien porque fue así, por la admiración que tenían los jóvenes por el arte europeo, que era avasallador en el sentido de la literatura, que llegaba mucha información, más información literaria, musical, teatral. Todo eso venía de Europa y uno se sentía probablemente como que no era capaz de producir un tipo de no había una competencia para decir nosotros también tenemos esto y también hay parte de la pequeñez con que nos sentíamos los peruanos cuando los iban, la gente de mi generación a un grupo. Luego lo he dicho varias veces y volvían totalmente transformados. Se sentían europeos por haber recibido una parte de la influencia europea en sus costumbres, en sus en sus modales. Y entonces acá se sentía como una especie de sociedad, un salvaje, primitiva, inculta, y eso ha prevalecido por muchos años. Y sigue todavía no tan fuerte como antes. Yo lo percibo eso por algo tengo 98 años. Pero sí, se ha producido un racismo muy grave. Que nos hace mucho más ignorantes
LA HISTORIA
R. Romero: Paradójicamente, la historia del Perú. La museología siempre ha sido más apreciada por, por los extranjeros, los grandes historiadores, los críticos de arte. Más reconocimiento tiene César Vallejo a nivel internacional que en el Perú. ¿Es decir, eso muestra también de esa fragilidad como país, no? No tenemos esa consistencia como la tiene México.
V. Delfín: Claro, es que en México todas las actividades creativas han funcionado siempre amorosamente por su población. Acá no, pues siempre ha habido un desprecio por los serranos, por la serranía, por la puna, por la selva y han tomado pues una distancia enorme que cada vez se ha agudizado más en Lima, a tal punto que se ve en la política, pues al margen que de la señora que nos gobierna actualmente (entre comillas) sea como es. Hay una demostración genuina de que ellos sienten el desprecio porque esta persona que debería ser recibida con cariño, con aprecio, es maltratada en todos los lugares que va, y no solo ella sino hace ya diez años que se veía eso y que con el gobierno de Castillo y el desprecio por Castillo y la soberbia contra Castillo, ha hecho que se agudice más.
Y es curioso, parece que no entiende porque siguen mintiendo. Hoy día he leído, por ejemplo, una barbaridad en contra de Castillo. Yo he leído ahorita, hace cinco minutos, que Castillo había dado orden de que se armen en las calles para defenderlo. Nunca. Yo que estoy atento a todas las noticias, ni aquí ni afuera ha trascendido esa noticia, ese descubrimiento es una calumnia. Y por esa forma de ser en este momento estoy ya en una campaña contra ese abuso. Esa ignorancia es el asunto de la relacionado con el Museo de la Memoria, que están hablando también con un propósito deliberado de desaparecerlo porque no quieren que se vean las atrocidades que cometió el fujimorismo en los años 80 o 90.
Y entonces, justo ahora estoy en esa campaña recolectando firmas para hacer una una iniciativa que abarque la cantidad mayor posible de gente para defender el museo. El testimonio. Y eso lo estamos viendo hoy día en pleno siglo, en este siglo. Parece una cosa de locos. De locos totalmente.
R. Romero: ¿Y eso tiene que ver también con el vacío que ha dejado el artista y el intelectual peruano?. Porque esa catarsis que se hizo en Alemania, en la en la posguerra, ese mea culpa que no lo ha hecho Francia de igual manera con respecto al geria, pero que lo ha hecho, que lo han hecho casi todos los los los los los países, ¿no tiene que ver también con esa con esa posición de mantequilla que tienen muchos intelectuales y muchos artistas en el Perú? Que no asumen, que no juegan un rol prácticamente.
V. Delfín: Lo que pasa es que no se dan cuenta que el artista, aparte de ser músico, pintor, escritor, tiene una tarea social y que es la única manera con que un artista pueda desarrollar mejor su creatividad: mientras más compromiso tenga con la sociedad, con su sociedad, con su tribu. Eso no es práctica de los artistas peruanos.
R. Romero: Curiosamente hay una admiración desmesurada a los artistas europeos principalmente, pero los cineastas ignoran muchas veces que Godard era un hombre politizado, extremadamente politizado. Picasso era una persona completamente politizada. Buñuel era politizado, O sea, no, no hay, no hay artista que incluso Rafaela Carrá ha sido una persona extremadamente politizada, no? ¿Entonces, qué pasa en Lima? Porque tampoco es igual el limeño que la mano que la Andahuaylas.
V. Delfín: No, no. Bueno, todos los defectos que tiene Lima, desgraciadamente son absorbidos por los provincianos. Entonces, para sobrevivir en Lima hay que convertirse en un provinciano, se tiene que convertir en un limeño y ahí se debilita. Me explico ya su energía para acomodarse, para sobrevivir, porque la mayoría de los peruanos sobreviven, no viven, sino sobreviven.
Eso es lo triste. A ver, la historia… por ejemplo, de cualquier político. Una vez que entra a la política no sale más de la tarea política… funcional, porque se puede hacer una política sin necesidad de estar en el Congreso, sin necesidad de ser diputado, ni gobernador ni nada. Se puede hacer una política transparente y beneficiosa, pero cuando ya entran al sistema, si quieren seguir y seguir, incluso quieren que sus hijos hereden un cargo.
Y hoy en día ni siquiera se ha convertido en una, en una, una actitud, sino en una cosa…
– dinastía
Dinástica. El hijo tiene que entrar ahí tienes a varios nombres que no me voy a dar el trabajo de mencionar, pero es obvio eso. Eso no es pues un producto de un país civilizado, es producto de un país que la civilización no, no ha hecho carne, no se ha hecho carne.
R. Romero: Hay un verso de Vallejo que dice “Pobre barro pensativo”.
V. Delfín: Es eso. Pues él dice. Él dice eso. Yo no soy el pobre barro pensativo, ni una costra fermentada en tu costado. ¿No? Eso, la mayoría son costra fermentada en el costado.
R. Romero: ¿Cómo podemos entonces canalizar? ¿O cómo podemos entender esa relación que tiene el artista, en su caso, con la escultura, con la materia que se va a trabajar? Tiene que haber también un conocimiento, un aprendizaje de esa materia para darle, para darle forma, por sus vulnerabilidades, sus posibilidades.
V. Delfín: El principio de la arquitectura es trabajar con los elementos que se tienen a la mano. Si uno tiene mármol se harán obras en mármol. Si uno tiene este piedra tiene que hacer obras en piedra. Si uno obtiene madera, hace su choza de madera. Si uno tiene, no tiene ni madera ni piedra, las hace de barro, como ha sido en el Perú, en la costa peruana. Entonces, igual en el mismo sentido. Los artistas plásticos tienen que partir con los materiales que tienen a la mano y luego si quieren hacerlo, lo pueden hacer en oro, en que además aquí abunda no digamos en plata, que también abunda. Si llegan a un nivel en que pueden realizar obras de esa categoría como lo hicieron los antiguos habitantes de la costa de norte, como los tesoros del Señor de Sipán, que son verdaderas joyas hechas a útiles. Pero además, obras de arte como los tesoros de Tutánkamón, no tienen nada que envidiarle a los tesoros de Tutankamón, que eran piezas útiles, pero obras de arte a la vez. Cuando se llega a ese grado de la civilización, ha logrado, pues, un desarrollo cultural como muy. Como todas las grandes civilizaciones del universo.
R. Romero: ¿Entonces no hay que desconectar al artista de su entorno? ¿O sea, el artista tiene que nutrirse de su entorno, no?
V. Delfín: Absolutamente. El artista es un reflejo del entorno, del entorno, de la lluvia, de la nieve, de la madera, del sol, del clima, de las necesidades, de lo que come. Todo eso tiene que ver con su mundo interior. Entonces hay un sonido que está por ahí en el en el viento y que muy pocos lo escuchan. Y ese es el que hace la música, que no es el mismo sonido del trópico, no es el mismo sonido del ande, no es el mismo sonido del mar que el sonido del río. No, no es el mismo sonido que está en un en una quebrada que un sonido que está en el desierto. ¿No? ¿El mar y el aire y el viento suenan de otra manera, no? Ya. ¿Entonces todo eso es lo que hace la poesía y la música de cada lugar, no? Lo que alimenta esa creatividad.
R. Romero: ¿Y qué pasa con el ritmo en una disciplina como la escultura?
V. Delfín: Las artes se parecen en eso las artes plásticas a la música y a la poesía. Tiene que haber una cosa del color que rime con otro color que el movimiento de las imágenes cuando es una agrupación, cuando es un tema de de varios personajes, tiene que envolverlo ese ritmo. Desde el momento en que se pinta un paisaje uno tiene que eliminar lo que está de más y dejar lo que entra dentro del ritmo del cuadro. No puede pintar todo porque sino ya es una cosa, es como una fotografía, Para eso está la fotografía.
R. Romero: Pienso que es importante separar esta idea del legado del éxito, ¿no? El éxito ahora está sobreestimado, potencia el individualismo, Hay una crisis de ego. Por eso en las redes sociales las fotos o los selfies abundan mucho. ¿Es una manera de reemplazar esas carencias afectivas, sociales que hay, no? De qué manera podríamos impulsar hoy esa colectividad en el arte, en una sociedad que está completamente convencida de que el neoliberalismo es es como un pensamiento único. No nos han llegado a convencer de eso. ¿Mucha, mucha gente está convencida, no?
V. Delfín: Bueno, pero ya se ha hablado bastante de lo que es el neoliberalismo y es una necedad insistir en lo mismo. El neoliberalismo lo único que produce es un explotación de los países más débiles para enriquecer a los más poderosos y curiosamente absorben todas las materias primas para transformarlas y en hacerlas a través de sus tecnologías, de su técnica, de una manera distinta, para venderse a los países pobres más cara de lo que debe vender, porque se aprovechan de la falta de industrialización de estos países pobres, por ejemplo, pero nunca va a salir de su miseria si no se convierte en un país industrializado, si no se procesa el cobre, el litio, el oro. No se puede hacer incluso el petróleo, el petróleo es increíble. Yo he nacido en una zona petrolera y al final he visto que han construido una refinería que es una maravilla de maquinaria y no la saben explotar. No se dan el trabajo de tener un proyecto para refinar el petróleo. En el Perú no se dan el trabajo. Lo más fácil es la burocracia y venderla para sacar dinero por un momento es como vender la una casa, la única herencia que se tiene y quedarse en el aire, gastarse la plata de la herencia y no tener ni siquiera para vivir en una choza es poco más o menos la imagen que tengo yo de la forma como se manejan los bienes en el Perú.
R. Romero: Y esa es una característica del sistema político económico, el sistema político, el neoliberalismo. Claro, eso es. Impone también su estética, tiene su estética, no? Tiene su estética o su falta de estética. Y tiene también una característica interesante, el neoliberalismo, es poco original, no tiene enunciados nuevos. Repiten las mismas teorías de los años 20. Las primeras ideas que que edita Hitler las renuevan. ¿Son refritos, no?
V. Delfín: Es exactamente lo mismo pasa con la creatividad. Se dan vueltas sobre las mismas este ismos sea es figurativos, abstractos. Se vuelve al neo figurativo. Este es un sancochado increíble. Yo no sé cómo puede hacerse tanta diversidad.
Es una cuestión patológica. No hay una solidez en un artista y decir esto es lo que soy y no puedo ser de otra manera hoy implica también una ignorancia de lo que es la creación.
R. Romero: ¿Y también hay un estado psicológico de baja autoestima en el colectivo que hace que todo esto sea muy sea muy frágil, no?
V. Delfín: Bueno, cuando se vive un sistema que no tiene solidez política, todo se se descompone. Acabo de enterarme a través de este crimen que sucedió en Trujillo, que han matado a cuatro personas, dos jovencitas y a dos, irónicamente, a dos. Este guardaespaldas de la víctima, que ya felizmente la liberaron. Todo eso está manejado por la policía misma. Por la Gobernación de de de Trujillo, todos están comprometidos. El crimen no es, no es un crimen, digamos, de la gente que está fuera de la del sistema social, Son los que están dentro del sistema del gobierno. La policía es la más corrupta que hay en América Latina, el gobernador, el de todos, están detrás de la delincuencia, la protegen.
R. Romero: Podríamos decir que la estética del neoliberalismo es más o menos la misma estética de la mafia. O sea, hay un jefe que cobra cupos, pasa en la policía, pasa en la política con los congresistas y son más o menos las mismas figuras prepotentes que detestan a la cultura, que se jactan de no haber leído un libro, que detestan todo lo que es, lo lo que pasa en el LUM es un negacionismo. ¿También es una muestra de que nosotros somos un país que vivimos en el negacionismo más profundo, no?
V. Delfín: Claro, negarse a sí mismo. Eso es, Eso es la apariencia. Todos vivimos en un mundo de apariencias, de gente corrupta que quiere aparecer como gente decente. Entonces todo es una influencia maligna que penetra en todos los estratos de la sociedad, de la educación, del profesionalismo. No, no, no quiero ser este apocalíptico, porque yo siempre tengo la esperanza de que ya la gente, por ejemplo, habla ya de estas cosas, de lo que está sucediendo a nivel de gobernabilidad, que ya es bastante. Ya en las redes se critica esta forma. Ya hay por lo menos un piso de antisistema y eso ojalá prospere y hay que ayudar a que prospere.
Hay que poner a funcionar este de este desaliento y convertirlo en aliento. No es que hay que. No hay que desmayar, hay que estar atento y ver la oportunidad de trabajar en ese sentido por el bien de nosotros mismos, de nuestra paz interior, para algún día poder dormir tranquilo, sin sin la pena de alguien que amigo que ha muerto, herido por una bala perdida, no de una persona querida que ha muerto, falta de un hospital, etcétera etcétera
R. Romero: Aparte que quizás sea también parte de nuestra responsabilidad. Porque, ¿si este país le ha dado al mundo palabras claves como cooperativismo, comunidad, reciprocidad, este país que ha cambiado la la realidad nutricional del planeta, no? Antes del siglo 15, ¿cómo eran los huertos en Europa?, eran frágiles, la gente no se alimentaba bien. Entonces este país que le ha dado tantas cosas al mundo, merece que hagamos un poquito de esfuerzo.
V. Delfín: No, un poquito. Necesitamos un esfuerzo titánico para cambiar esto porque lo hemos ido dejando que se desmorone poco a poco a y es el momento, yo creo de de, repito, de tener la obligación moral de cambiar la situación. Es una obligación moral.
R. Romero: Y el rol del creador del artista es fundamental.
V. Delfín: Sí, naturalmente es parte de la sociedad. Y mientras más brillante, mientras más brillante, más posibilidades tiene de influir sobre la sociedad. Para eso sirve eso que se llama fama, para poder gritar en algún momento para que los demás lo escuchen. Porque si eres un anónimo no te hacen mucho caso. En cambio, sí tiene cierto poder como músico, pintor, puedes hablar y decir lo que piensas y la gente va a escuchar, los jóvenes van a escuchar.
R. Romero: Muy bien. Bueno, pues sigamos trabajando entonces
V. Delfín: En ese sentido no hay otra manera. No hay otra manera.
R. Romero: Muy bien, muchas gracias por estas palabras, estimado Víctor.
El artista, aparte de ser músico, pintor, escritor, tiene una tarea social y que es la única manera con que un artista pueda desarrollar mejor su creatividad: mientras más compromiso tenga con la sociedad, con su sociedad, con su tribu. Eso no es práctica de los artistas peruanos.